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Trasfondo

Es un hecho comprobado que los tiempos prolongados de reverberación en las frecuencias bajas son las que hacen que un recinto no sea adecuado para conciertos de rock y pop. A continuación, encontrará un video con una analogía audible de los efectos de este problema. Es posible que lo que oiga le resulte familiar.

El primer minuto explica por qué el sonido es más confuso a medida que el espectador se aleja de la orquesta o de los altavoces.

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 Aplicación de auralización

Cuando un recinto no absorbe sonido, las ondas rebotan sobre distintas superficies por un tiempo prolongado, lo que equivale a un tiempo largo de reverberación. El tiempo que tarda el sonido en desaparecer se conoce como el tiempo de reverberación. Entonces, la acústica arquitectónica ocurre, de hecho, en el dominio temporal.

Tiempos de reverberación más largos equivalen a reverberaciones de mayor nivel. Este efecto se percibe en lugares como las iglesias, en donde el sonido rebota casi sin fin, haciendo que las palabras del sacerdote se vuelvan ininteligibles. Lo mismo sucede con la música con mucho ritmo, staccatos y una fuerte base de percusión. La inteligibilidad de la música es poca, pues mientras que un sonido no ha terminado de sonar, ya ha empezado el siguiente. El sonido reverberante crea un efecto de enmascaramiento. La música coral, por el contrario, con legatos y una dinámica más fluida, suena muy bien con un tiempo de reverberación largo.

La mayoría de la música contemporánea es rítmicamente activa y contiene bajos muy fuertes. Muchos recintos tienen un tiempo de reverberación largo en las bandas de octavas de 63 Hz y 125 Hz, pero para las bandas de octava mayores o iguales a 250 Hz la reverberación tiende a ser más corta. Esto se debe a las características de absorción de la mayoría de materiales para tratamiento acústico disponibles en el mercado. Intente darse cuenta de cómo una voz femenina es más fácil de entender que una voz masculina. Muchos otros instrumentos también tienen una respuesta de frecuencias que se extiende hasta los 125 Hz, como por ejemplo, los bajos, guitarras, teclados, tambores, etc.

El público y el aire absorben las frecuencias medias y altas, pero no las frecuencias bajas. Gracias al alto factor de calidad de los altavoces en las frecuencias altas, se garantiza que la reverberación en este rango no cause problemas en conciertos de música amplificada. Esto es un hecho favorable para todos los que asisten a un concierto, puesto que el sonido envuelve a los espectadores, y los músicos pueden controlar la dinámica fácilmente.

En las frecuencias muy bajas, de 63 Hz para abajo, nuestro límite de audibilidad es muy alto, por lo que el decaimiento del sonido sucede más rápido que para frecuencias altas. De hecho, el tiempo de reverberación para estas frecuencias bajas puede ser un poco más largo que para la banda de los 125 Hz sin crear una molestia excesiva.